La ética de la izquierda
Por Jaime Eduardo Botero Gómez
23 de mayo de 2026
El presidente Petro, que para mí tiene grande ese título, piensa que reprimir con las armas a las guerrillas, paramilitares o narcotraficantes es inhumano o antiético. Dice que la Constitución habla del derecho a la paz y que dar de baja a criminales alzados en armas contra el Estado está prohibido en la misma. Desde que llegó al gobierno, ha prohibido que la fuerza pública acompañe las manifestaciones —que nunca son pacíficas—, prohijando que los violentos puedan “pacíficamente” destruir bienes públicos y privados, como pasó ayer en Bogotá.
Esa lógica lo ha llevado a plantearse “la paz total” y ha intentado por todos los medios dejar en libertad a asesinos, narcos, guerrilleros, etc., de todos los pelambres, no importa si ya han sido condenados. Hay noticias en Colombia que afirman que Iván Cepeda ha sido coautor de esa política, lo que nos advierte cuál es el futuro que nos espera en caso de ser presidente.
Hace años tenemos evidencia de que esta es una idea sacada del libreto de la izquierda mundial. Hablamos de libreto, porque la mayoría de las ideas o anuncios contenidos en los discursos de Petro son casi exactos a los discursos que le hemos escuchado a Chávez, Maduro, Correa, Evo o los Kirchner, en América, o a los de Pedro Sánchez (presidente del Gobierno en España).
Hay otro actor internacional (Claudia Sheinbaum, actual presidenta de México) que últimamente ha esgrimido una teoría similar. Ella ha hecho declaraciones en las que rechaza una “guerra” contra el narcotráfico, advirtiendo que esto sería como extender un “permiso para matar”, y ha insistido en que el Ejército debe actuar dentro de la Constitución y respetando derechos humanos; con esto último, completamente obvio, disfraza su afirmación anterior. Cada uno interpreta el manual y lo disfraza con eufemismos y, en forma sinuosa, evade las solicitudes de Trump de perseguir al narcotráfico.
Desde hace más de diez años hemos advertido que los “derechos humanos” han sido el arma ideológica —muy efectiva— que han esgrimido las ONG de izquierda alineadas con políticos como Petro y Cepeda. Este último es el actor más destacado en estrategias jurídicas contra militares y políticos —también llamada guerra jurídica—, armando miles de falsos casos de violaciones de los DD. HH. y utilizando muchísimas ONG que presentan los casos ante una justicia que, en muchos casos, ha sido penetrada ideológicamente por estas ideas: guerra de organizaciones, guerra ideológica y guerra jurídica, unidas como una macabra llave implacable.
Si Cepeda llega a ser presidente, intensificará y multiplicará con fuerza estas prácticas y se profundizará la mordaza a las Fuerzas Armadas (Ejército, Fuerza Aérea, Armada y Policía), y estoy seguro de que, con el poder presidencial desmedido que exige en Colombia —demostrado por Petro—, contará con ejércitos de abogados zurdos en las ONG. Pero su obsesión más grande, su odio contra el presidente Uribe, podrá lograr su más grande sueño: ver a Uribe en la cárcel.
Por esta razón, yo pienso votar contra Cepeda en ambas vueltas de las próximas elecciones y, sin anunciar mi voto en primera, lo haré en segunda vuelta por Paloma o por Abelardo, cualquiera de los dos que llegue a esa instancia. Es hora de entender que con Cepeda, con absoluta seguridad, perderemos la democracia y seguirá la carrera por acabar con nuestra libertad, tal como ha sucedido en Cuba, en Venezuela y en Nicaragua.
Nota: El jueves de esta semana, Cepeda, en rueda de prensa, sin permitir preguntas a los periodistas, anunció su plan de subsidios y ha dicho que no son subsidios ni asistencialismo, sino que será un plan de reconocimiento a los más pobres, otro eufemismo que pretende, como hace cuatro años, presentarse como oveja, aunque fuera un lobo; muchos sabíamos lo que Petro pretendía. Hoy Cepeda hace lo mismo: se presenta moderado, pero ya le hemos visto su pelambre.
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