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El Caballo de Troya reencarna en paloma

El mítico Caballo de Troya, mencionado brevemente por Homero en su famoso e inmortal poema épico la Odisea y en forma más amplia por Virgilio en su no menos inmortal epopeya la Eneida, parece que ha reencarnado en una Paloma, la que apareció en Colombia y vive entre nosotros desde hace ya cinco años.

El Caballo de Troya, que parecía un regalo para el Rey de Troya, sirvió para que en su interior se colaran unos soldados que -una vez adentro de la ciudad y a media noche- facilitaran el asalto final de las tropas enemigas con el desenlace fatal y definitivo que marcó la destrucción de la estratégica ciudad. En Colombia, en el siglo XXI utilizaron una Paloma, que supuestamente simboliza la paz, pero en realidad es el vehículo –que viene cargado de planes malévolos- para destruir la institucionalidad del país y dejarnos en manos del Socialismo del Siglo XXI.

Quienes creyeron que el proceso de paz era un regalo para el pueblo colombiano, tendrán un gran desengaño, porque esta es realmente una figura para que el Foro de São Paulo –promotor del comunismo- logre atrapar a Colombia. El comunismo criollo se infiltró en el Estado colombiano hasta ocupar un sin número de puestos de importancia en los tres poderes públicos (ejecutivo, legislativo y judicial), la prensa y hasta la iglesia católica. Desde 2010 encontraron las condiciones propicias para dar el asalto final y decidieron dar su batalla definitiva enarbolando una bandera en forma de paloma que tiene despistados a los más idealistas e incautos.

Llevamos tiempo alertando sobre los que surgen de los Acuerdos de La Habana, que hoy se están materializando rápidamente, para lo cual Santos, el Congreso y la Corte Constitucional, en la más vergonzosa violación de la constitución y de todas las normas que la desarrollan, decidieron desconocer los resultados del plebiscito planteado por ellos mismos para consultar la voluntad popular. No se engañen, el fin último no es la paz, el objetivo es Colombia para el comunismo –que les había sido esquiva- y están logrando de la mano de la izquierda internacional, protagonista del genocidio de más de 100 millones de personas en el Siglo XX por todo el planeta y de los más grandes fracasos económicos y sociales de que se tenga noticia.

Incluso algunos partidarios de los acuerdos se han sorprendido de la forma en que se están tramitando leyes y reformas constitucionales, pero nada dicen porque apoyaron el proyecto de Santos sobre la paz e incluso parecen no entender que este es un golpe de estado a La Constitución. Hay otros que creen que “todo estará bien, pues en Colombia no pasa nada” y otros, mas conocedores de temas políticos y jurídicos, parecen estar complacidos –respetable si quieren vivir en un país de corte comunista- y seguirán apoyando la aventura en la que nos han metido Santos y sus amigos. Claro que hay que decir que también hay quienes creen sinceramente que la paz es necesaria sin importar el precio que se deba pagar por ella y parece que desestiman las posibles consecuencias de asalto constitucional. Respetable pero no puedo estar de acuerdo, porque el precio de la tan anhelada paz, añorada por todos, incluidos los que votamos NO a los acuerdos, no puede ser la perdida de la democracia.

Increíble que las personas educadas y cultas no se den cuenta de esta inmensa incoherencia, tan grande como un elefante o quizás del tamaño del mítico Caballo de Troya: ¿No les parece extraño, o por lo menos curioso, que quienes han sido los radicales, terroristas, reclutadores de niños y niñas, narcotraficantes, auxiliadores de la guerrilla, los patrocinadores de esta violencia, los creadores de las Farc y otros grupos guerrilleros (el Partido Comunista Colombiano y todas sus derivaciones) en Colombia y en el mundo, hoy sean los abanderados de la paz, sean los dueños de esa “sueño” y sean precisamente ellos quienes acusen de guerreristas a quienes han defendido la Constitución, la ley, libertad y la democracia? ¿Que somos? ¿Idiotas?

He sido un estudioso del conflicto colombiano, de sus causas y efectos. He conocido muchos oficiales del Ejército colombiano, activos y en retiro. Sé que la gran mayoría son hombres y mujeres honorables, leales a su país, respetuosos de las leyes y de los derechos humanos. He sido testigo de cómo se prepara a los militares colombianos en el respeto de los derechos humanos y del D.I.H –es quizás el Ejército más preparado del mundo en estas materias-.

También he sido catedrático, conferencista y profesor en diferentes espacios académicos del Ejército, entre otros. He profundizado en temas como “la combinación de todas las formas de lucha” creada y utilizada con maestría por la extrema izquierda. Tenemos claro que la guerra contra los enemigos de la democracia no se gana con los fusiles, debería ganarse con la verdad. Hoy esa guerra se perdió –como lo advertimos muchas veces-, no en el campo militar, sino en el campo político. Hoy veo con horror del futuro que les espera a los militares, mucho lo hemos advertido por años en esos espacios y en estas columnas, cuando los ex guerrilleros lleguen al poder todos los militares empezarán a desfilar hacia las cárceles.

Es aberrante pensar que 3 de los los 5 magistrados que seleccionarán los jueces de la Justicia Especial para la Paz (JEP), son reconocidos izquierdistas extranjeros, algunos de ellos, vinculados, en el pasado, a organizaciones terroristas similares a las Farc. También hemos advertido sobre el peligro de una justicia politizada que nos muestra el futuro como el peor de los mundos. En Colombia la “guerra jurídica”, o la justicia como arma contra militares, empresarios, periodistas y políticos de derecha, será el nuevo escenario que generará nuevas violencias.

Está claro en los Acuerdos, que los guerrilleros que confiesen, así sean delitos gravísimos o de lesa humanidad, serán perdonados y quedarán libres inmediatamente –esto se llama impunidad aunque lo llamen justicia transicional- y podrán empezar a hacer política inmediatamente. Ya lo estamos viendo, la política para ellos empezó incluso antes de acudir ante el tribunal de la impunidad. Pero en el caso de los militares bien diferente, si confiesan algún delito, pagarán 5 años en una prisión y si algún crimen, del que se les acuse así sea con testigos falsos –algo bastante común hoy en la justicia ordinaria-, no lo reconocen pasarán 20 años en una cárcel.

Preocupante también los empresarios que, para poder trabajar en el campo y proteger sus vidas y sus bienes –ganaderos, agricultores, mineros, etc.- debieron pagar una “vacunas” a grupos de autodefensas ilegales o a guerrilleros, serán enjuiciados y encarcelados por la JEP.

Los periodistas quedaron en el centro de los acuerdos, pues serán tachados de “instigadores” y perseguidos todos aquellos que no estén de acuerdo con esta situación o que sigan recordando el pasado criminal de estos bandidos.

Para finalizar, la mas grande víctima en esta “etapa de reconciliación” será la verdad. Atérrense, serán los mismos 5 magistrados quienes elegirán a los personajes que escribirán la historia del conflicto colombiano, bajo su lente izquierda, tal como ha sucedido en varios países de Sur América. La “memoria histórica” bien manipulada –ellos saben hacerlo con excelencia- es una excelente arma estratégica, fundamental en la consolidación del triunfo de las Farc contra el pueblo colombiano.

No se si están de acuerdo, pero a la Paloma de la Paz yo la llamaría La Paloma de Troya. La trampa esta en marcha.